Morías sin que yo apreciara
el adiós en tu gesto
mientras aún soñaba
con un futuro bello.
Se apagaba el mundo
y no supe temerlo
porque mi alegría
aún era una vela
que creía con vida
soplándole mi aliento.
Hoy grito mi silencio
en versos y poemas,
retuerzo cada rima
con este desconsuelo;
mamá, mamá querida,
no supe retenerte.
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