sábado, 13 de julio de 2013

Ella no tenía edad para morir


Recordar la última vez que vio a su hija le costaba porque no reconocía en la hija que había visto a su hija. Sólo recordaba que hacía un par de días le había dicho que parecía un monstruo porque llevaba al cuello una bufanda de flecos que nunca le había gustado. A ella sólo le gustaban las bufandas que calcetaba su hija. Nunca le gustaron las bufandas que compraba hechas.
Su corazón empezó a latir a su manera. Tenía vida propia y le quitaba sangre o se la ponía en la cabeza. Pancracia sabía que estaba herida por la negra sombra. Poco tiempo le quedaba de vida. No pensaba en cuanto tiempo le restaba para dejar atrás un cuerpo rígido que no digería la comida como antes.
Se entristeció. Ella no tenía edad para morir. Debía seguir viviendo para reñirle a su hija, para criticar con sólo una mirada esos atuendos tan de la niña. Pero estaba cansada de caminar por un camino hacia ninguna parte. Se estaba acabando y lo sabía con sólo escuchar los latidos irregulares de su corazón. Y allí no estaba la niña para maldecir a la derecha entera mientras la obligaba a seguir viviendo en una lucha sin cuartel escondida en cuatro paredes proletarias. Las peleas de su niña siempre fueron absurdas, pensó Pancracia; mejor olvidarlas y centrar sus esfuerzos en respirar en aquella habitación cutre de la Residencia de Maiores de Oleiros en la que estaba pasando un mes, sólo un mes. Después regresaría a su casa a comer los flanes que en Oleiros no le daban.
Pancracia fue quedando dormida. Oía sin escuchar las voces procedentes del comedor de los moribundos. Pronto le traerían la cena, un puré que su hija decía que estaba quitado de las sobras de las potas. Hacía unos días su hija se había enfadado con las cuidadoras porque le daban sopa. El sueño fue venciéndola. Ya no se oían voces. Pancracia empezó a ver un camino por medio de los árboles del triste jardín sin flores. Se vio a ella misma andando. ¿Iba en camisón? No importaba. Allí no había nadie. Era como un paraíso venido a menos sin Adán ni Eva. Tampoco estaba Dios. Pancracia subió al puente más alto y consiguió tocar con sus dedos el sol. Se empezaba a acabar el invierno; al menos para ella. La rodeaban los pinos hasta abrazarla con un ramaje que nunca nadie había cortado. Se sintió libre.
Sólo le quedaba saltar al recuerdo. Mi niña, pensó. Su hija se iba a enfadar seguro. Diría que no era justo y sacaría de su repertorio toda su ira cristalizada en palabras. Los ricos y los pobres. A eso se reducía la ideología de la niña. Seguro que decía que había muerto porque era pobre y porque los médicos la habían matado. Pancracia estaba viviendo su última vez viva. Un adiós que seguía alargando mientras la noche caía en Oleiros.
Pareces un monstruo, le había dicho a la niña, cuando estaban sentadas en la habitación mirando como la lluvia torrencial de febrero caía sobre el jardín sin flores de la residencia. Se lo había dicho mientras le agarraba la bufanda marrón, la que nunca le había gustado. Pareces un monstruo. La niña se había reído y había cogido con sus manos las suyas. ¿Qué haría ahora sin ella?

viernes, 12 de julio de 2013

Murió en Oleiros

 
Me duele cada flor artificial,
los tallos verde nada,
el plástico huele más.
 
Me duele ofrecerte el recuerdo
Me duele no tenerte en el hoy
Me duele, mamá, tanto tantísimo
no escuchar tu voz viva en tu voz
 
Me duelen los pasos que te buscan
en un camino recorrido por las dos.
Tú y yo, ¿recuerdas?, recorrimos
el último camino de tu yo.
 
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6-4-2013
XIADA

Murió en Oleiros

 
Quiero recordarte lejos de Oleiros
conmigo, mamá, siempre conmigo.
 
Quiero recordar tu mano en la mía
 
Quiero recordar tu risa, tu alegría
 
Quiero recordar las tardes y mañanas
 
Quiero hacer de la noche mediodía
 
Quiero traerte a mi lado con un beso
 
Quiero borrar tu último capítulo
y seguir escribiendo más poemas
para leerte mis versos, madre mía.
 
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13-3-2013
XIADA

jueves, 11 de julio de 2013

Murió en Oleiros

 
Imagino tu vuelo, mamá,
en la paloma que sube
de la acera del invierno
a la farola que roza
el polen de primavera,
el olor a hierba rota.
 
Tú volando aún me dices
que me levante y luche
ahora que han caído
mis manos sobre las hojas
y en vez de luchar lloro
y en vez de llorar sufro.
 
Dejo de hablar del amor
en versos y en estrofas
para abrirte a ti las páginas
llenas de frío y de rosas.
 
Mamá, creo que te he visto
en tu vuelo de paloma
y me asusté al no tenerte
para llorar en tu hombro
este dolor de hija huérfana
de tu voz maravillosa.
 
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24-3-2013
XIADA
 

jueves, 4 de julio de 2013

Murió en Oleiros

 
No sé por qué hoy lloré por ti
y no sé si también por mí lloré
al decir que te habías acabado
igual que se acaba un buen café.
 
¡Qué dolor saberte apagada
en la sintonía de tus palabras!
Yo luché, perdí y no me aguanto
en la derrota que te llevó de mi lado.
 
Cada noche a las cuatro despierto
cuando ya es tarde para parar las manos
asesinas de las batas asesinas.
 
Cada día, cada hora, cada minuto,...
todos los segundos estás en mí presente
y yo estoy en mi dolor hundida.
 
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19-6-2013
XIADA

lunes, 1 de julio de 2013

Murió en Oleiros

 
La vida sigue como cuando
tú eras tu triste agonía:
viajes de ida y de vuelta,
regresos con bolsas de comida.
 
La única diferencia se la he puesto
al domingo que ya no es domingo
sino un día más de los iguales
días de semanas de mi vida.
 
Y no hay día en que no recuerde
tu yo diciendo adiós hija.
 
Y no hay día en que tú no estés
presente y ausente y en mi mente.
 
Y no hay día en que no lamente
haberte perdido en Oleiros.
 
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15-6-2013
XIADA