miércoles, 24 de mayo de 2017

Señora Encarna

Recuerdo los jardines, mis jardines,

el puerto abierto a mis paseos,

La Coruña entera en mis pasos,

el mar infinito en su océano.


Tenía veinte años y futuro,

la esperanza intacta todavía,

medio siglo para escribir

un matrimonio contigo, amor mío.


Soñaba, ¿lo recuerdas?, con el niño

que fue niña y fue mi alegría.

Te contaba mis sueños y escuchaba

tus proyectos tan grandes y tan simples.


Sólo queríamos formar una familia,

tener una casa para el cobijo,

un dinero en el banco guardado,

La Coruña para nuestras vidas.



Señora Encarna

Cogiste mi mano en la tuya,

dejé mis dedos en los tuyos,

sentí el calor que recorría

mi piel saliendo de la tuya.


Estábamos viviendo los momentos

del adiós sabiendo que venía

el fin escrito en las horas

¡y cómo dolía despedirse!


Atrás quedaban tantos años

de risas, penas y menos risas.

La pena fue siempre el presente,

la lucha la guerra que perdimos.


Apreté tus dedos con los míos

oliendo en ellos medicinas.

Dolía oler en nuestras manos

el fin, amor, cariño mio.