Sólo puedo llorar y maldecir
cada centímetro de la residencia,
aquella cárcel sita en Oleiros,
el mal sitio a donde te lleve.
Allí cayeron los buitres en tu mano
con la risa pintada de azul muerte.
Allí pusieron el adiós a tu existencia
con la pastilla amarilla y verde.
Allí escucharon como le dije
usted mató a mi madre
al médico asesino de pobres gentes.
Sí, se lo dije,
y lo sabes, mamá, porque supiste
que tu hija era furia y nada más.
Sí, se lo dije
y repito en estos versos lo que dije
porque el cabrón del PP te asesinó.
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