Los campos se han llenado
de flores amarillas
donde tú cultivabas
patatas hace siglos
(porque siglos parecen
los años que perdiste).
Es una primavera
con sabor a turrón,
las flores que no mueren
gracias a este calor.
Recorro cada metro
de tierra sin cultivos
y aún huelo aquellos grelos
que nacieron un día.
Regreso a la zona
donde hubo judías,
veo los tirabeques
en mi mente de niña.
Vuelvo a subir chillando
tu nombre, madre mía.
Y tú no me contestas
como hacías los días
en los que te dejabas
la piel en cada finca.
Éramos las dos jóvenes:
tu niña, yo niñísima.
Mirábamos sin límite
un bonito infinito.
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